Archivos RAW vs JPEG en fotografía digital

Por Alejandro Martínez
Project manager at OpenSistemas

Hace no mucho me decidí a dar el paso y comprar una cámara reflex digital (DSLR – Digital Single Lens Reflex). La calidad de las fotografías es mucho mayor que en una cámara compacta, ya que el sensor (el componente encargado de recibir la luz a través de la lente) es mayor con diferencia. Otra de las características de estas cámaras respecto a la mayoría de las compactas (algunas de alta gama también lo permiten) es la posibilidad de disparar en RAW y en JPEG. JPEG lo conocemos todos: es un formato gráfico que lleva muchos años entre nosotros y que funciona muy bien con fotografías. Pero, ¿qué es es un archivo RAW?

Primero, vamos a repasar qué sucede desde que pulsamos el disparador hasta que vemos la fotografía en la pantalla de nuestra cámara:
– La cámara mide la cantidad de luz que entra a través de la lente y calcula cuánto tiempo es necesario abrir el obturador para que la fotografía quede correctamente expuesta. Se puede decir que es una pequeña cortina que tapa al sensor.
– Al pulsar el disparador, la cámara abre el obturador durante el tiempo que ha calculado permitiendo que la luz incida en el sensor.
– El sensor está formado por fotoreceptores que se excitan al recibir luz y generan una señal eléctrica cuya intensidad varía en función de la luz recibida.
– El procesador de imágenes de la cámara se encarga de traducir las señales digitales del sensor en los píxeles que van a formar la imagen.
– La cámara genera un archivo JPEG a partir de esa información de píxeles y la guarda en la tarjeta de memoria de la cámara.
– La imagen JPEG de la tarjeta es leída y mostrada en la pantalla.

Un archivo RAW es la información que ha generado el sensor y que necesita ser interpretada para convertirla en una imagen. Por lo tanto, un archivo RAW NO es una imagen, es un “volcado” de la información que ha capturado el sensor. Cada fabricante crea su propio formato RAW (CR2/CRF para Canon, NEF para Nikon, PTX para Pentax…). Incluso dentro de un mismo fabricante, cambia el formato. Es diferente el archivo RAW generado por una Canon 5D Mark III que por una Canon 70D.

Es importante tener en cuenta que los archivos RAW son grandes, MUY grandes. Un JPEG que ocupa 5MB puede irse a los 25MB en un RAW de una cámara moderna. Esto se debe a que guarda mucha más información. Los JPEG tienen una profundidad de color de 8 bits (hay 256 valores posibles para cada canal de color RGB de cada píxel). Los RAWs generalmente tienen una profundidad de color de 12 bits, lo que permite 4096 valores distintos en vez de 256. Como se puede ver, la diferencia es grande. Ahora, ¿ese aumento de profundidad es perceptible por nuestros ojos? La respuesta es que sí, rotundamente. En fotografías con mucho cielo azul se puede ver que el degradado del color en los JPEG a veces no es suave. Con un archivo RAW esto no sucede. Pero lo cierto es que no solo nos interesa esa información adicional que podemos percibir, también es importante la información que NO podemos ver. Sí, sí, ya sé que suena raro, pero toda esa información es la que nos va a permitir desencadenar todo el poder de este formato. ¿De qué manera? ¡Cuando vayamos a revelar nuestras fotos!

Revelado digital

Con las cámaras analógicas de toda la vida, después de sacar las fotografías había que convertir los carretes en fotografías en papel. Los fotógrafos profesionales se encargaban del revelado, ya que durante esta parte del proceso se pueden tomas muchas decisiones que modifican el aspecto final de la fotografía. Los que no teníamos los conocimientos necesarios nos limitábamos a llevar el carrete a la tienda de fotografía del barrio y ellos hacían el revelado por nosotros (o se lo remitían a un laboratorio).

Con la fotografía digital, nosotros mismos podemos ser ese laboratorio. Efectivamente, también es necesario revelar las fotografías digitales, pero en lugar de hacerlo en una habitación a oscuras iluminada con una bombilla roja, lo vamos a hacer usando el ordenador. Los archivos RAW son también conocidos como “negativos digitales”. Y, al igual que en el caso de los negativos de toda la vida, el proceso de revelado es el que va a decidir cómo va a quedar nuestra fotografía. En realidad, cuando tomamos una fotografía en JPEG el revelado se está produciendo, pero lo está haciendo la cámara por nosotros. Al utilizar los archivos RAW, vamos a ser nosotros los que decidamos cómo interpretar la información capturada por el sensor.

Y aquí es donde entra la importancia de la información que no vemos, pero que está dentro de los archivos RAW. Al utilizar el software de revelado, podremos incluso corregir la exposición de la fotografía y hacer que zonas que se veían completamente negras nos enseñen sus detalles. La verdad es que verlo en funcionamiento es algo impresionante… ¡Parece brujería!, pero no, se trata del programa que extrae la información que estaba capturada por el sensor y la interpreta de diferente manera.

Para revelar archivos RAW tenemos dos opciones:
– Utilizar el software suministrado por el fabricante de la cámara (como Canon Digital Photo Professional).
– Utilizar un software de terceros (como Adobe Lightroom).

El software del fabricante es el que mejor va a procesar el archivo RAW. En los metadatos de los archivos RAW hay algunos que vienen cifrados y son para uso exclusivo del fabricante. Pero lo cierto es que esos metadatos no son demasiado importantes. Los realmente útiles (fecha de creación, lente utilizada, información de apertura, velocidad de obturación, …) sí pueden ser leídos por software de terceros. Adobe Lightroom es capaz de abrir RAWs de muchos modelos de cámara de distintos fabricantes. Además, el software como tal está a años luz del de los fabricantes (al menos respecto al de Canon, que es el que yo he visto). Así que mi consejo es claro: Lightroom, sin dudarlo. Es una herramienta compleja, pero la verdad es que con tener algunas nociones tu proceso de revelado digital puede hacerse muchísimo más sencillo. Y después, si te apetece, puedes ir poco a poco profundizando en esta aplicación hasta llegar a dominarla.

Así que ya sabes, ¡empieza a disparar en RAW y adéntrate en todo un mundo nuevo de posibilidades con tu cámara digital!