¿Cómo gestionar relaciones profesionales complicadas?

Por Javier Sotomayor
Responsable de Operaciones de OpenSistemas

En el mundo laboral se trata con muchos tipos de personas que pueden afectar a las tareas diarias. Los hay mediocres en su trabajo, están los del cinco “pelao”, los incompetentes, los enchufados, los que se escaquean… Casi siempre es un tema de rendimiento y hay mecanismos para tratar con ellos, además se han escrito muchos libros sobre el tema. Pero cuando no sientes empatía por alguien, ya entramos en temas personales e, incluso, puede que esa persona tenga un buen rendimiento, pero al final la actitud afecta al desempeño.

Sin embargo, tenemos que lidiar con esas situaciones sin perder el foco del negocio e intentando que la actitud de esas personas no afecte al trabajo que tenemos que realizar. Aquí tengo que distinguir dos puntos de visa, el primero es el del compañero que despierta en tí cierto recelo y, el segundo, el cliente que también lo hace.

El compañero que no despierta simpatía en tí

Es inevitable, somos humanos, lo extraño sería llevarse bien con todo el mundo. Siempre hay alguien que te cae peor y hay que lidiar con él. En el caso de que sea un compañero resulta más complicado, ya que con un cliente se tiende siempre a mantener la compostura. Aquí algunos consejos:

– Poner buena cara. Sí, lo sé, no siempre es fácil, pero la actitud positiva ayuda mucho. Recuerdo un proyecto en el que ninguna persona del equipo quería hablar con la responsable de sistemas que controlaba los pasos a producción por lo antipática que era. Con el tiempo esa persona me confesó que si actuaba así era para marcar mucho el procedimiento de paso y evitar los intentos de saltárselo porque “me llevo bien con la de los pasos a producción”. Resultó ser muy maja y aún lo es…

– Mirar la parte positiva. Esa persona que nos cae mal puede tener virtudes que no estemos valorando. Tenemos que detectarlas y convertirlas en un activo en nuestro equipo. Como ejemplo, otro caso de un ex compañero que era bastante parco en palabras y arisco en su actitud, pero no he vuelto a conocer un analista tan bueno como él.

– Evitar el sentimiento en las evaluaciones. Tendemos a ver el trabajo de los que no soportamos con peores ojos que el de los que nos caen bien. Hay que estar especialmente atento, en este caso, para evitar no ser sinceros en la evaluación. Sería injusto evaluar mal a alguien solo porque su carácter no está alineado con el nuestro, además de ser algo muy poco profesional.

– No tiene por qué ser algo malo. Como he dicho, cada uno es un mundo, no podemos ser todos iguales y seguramente si a ti alguien te cae mal, la posibilidad de que tu le caigas mal es directamente proporcional. A veces es un tema de no darse la oportunidad de ponerse en el punto de vista del contrario.

El cliente que te saca de quicio

En este caso mantener la compostura es más fácil, el cliente tiene un estatus de respeto que aumenta el tamaño de las tragaderas. Además, no siempre se ve bien perder a un cliente y, sobre todo, si supone una facturación importante. Los dos primeros puntos del apartado anterior sirven también para este. Pero hay otros consejos para gestionar mejor a los clientes difíciles:

– ¿Soy yo o es él? A veces, cuando se trata con clientes tenemos la sensación de que tienen la sartén por el mango, y si además ese cliente nos saca varios cuerpos de ventaja en experiencia porque sea mayor que nosotros, tenga un cargo importante y sea una empresa importante, quizás una actitud fría la podamos confundir con una de desprecio y genere un sentimiento negativo. En ese caso, lo mejor es dejar todo en el terreno profesional, él defiende una postura y nosotros otra, pero siempre con una sonrisa.

– Buscar la piedra en su zapato. Da igual lo desagradable o irritante que sea un cliente, si encuentras la piedra de su zapato y se la quitas, mantendrás el cliente el tiempo que quieras y su actitud cambiará a mejor. A veces, una actitud negativa no tiene por qué ser signo de un carácter negativo, si no de un problema transitorio.

– Y cuando todo falla… Si todas las opciones anteriores fallan y somos incapaces de lidiar con un cliente, lo mejor es un cambio de aires. Hablar con el responsable de la cuenta y plantear un relevo no es trivial en estos casos, de hecho es la mejor manera de mantener un cliente.