El lado oscuro de la fuerza, cada día menos oscuro

Por Juanjo Portales
Account manager de OpenSistemas

Para alguien que se adentra en el mundo open source tras recorrer toda su vida profesional ligado a la tecnología desde el mundo técnico y comercial, es un planteamiento nuevo aunque no desconocido.

Mientras las grandes consultoras cuelgan en sus web informativas los logos de las 50 empresas más potentes de software con las que han cerrado acuerdos de colaboración, las empresas del mundo open source muestran el software que han liberado a la comunidad y han puesto al servicio del resto.

El planteamiento es curioso: cómo de una forma empresarial, el conocimiento, ese gran valor que las grandes corporaciones aseguran, blindan y ponen bajo llave, se pone al servicio del resto de usuarios para que el feedback de usarlo, hacerlo crecer y mejorarlo cree una usabilidad que permita competir con software privativo hasta el punto de tener una competencia real que a día de hoy compruebas en la calle.

Antaño, oír hablar de open source se traducía en escuchar al técnico más de vanguardia de la empresa que se había instalado algo que parecía creado en Camerún y llamado Ubuntu, y del cual contaba unas bondades que tú no llegabas a entender.

Hoy tienes las mismas reuniones que tenías entonces con los mismos interlocutores con sus trajes y corbatas, con los que tranquilamente y sabiendo de lo que se habla, nombras a Ubuntu como el sistema que manejas en tu portátil o cómo quieren reducir su coste en licencias extendiendo su rama de Business Intelligence con Pentaho.

Ese conocimiento que se tiene ahora ha sido el trabajo de empresas como OpenSistemas, que apostando por el software libre y contribuyendo en distintas comunidades a través de la participación de sus empleados, han hecho mejorar, crecer y aportar una credibilidad en la continuidad de las tecnologías libres.

Ese miedo infranqueable que creaba el usar tecnología open source, de no saber hasta cuándo estos chicos que hoy están desarrollando van a mantenerlo, ha sido derribado y empresas como la nuestra ya ofrecen soporte y mantenimiento de soluciones de código abierto.

Es cierto que el ecosistemas en el que nació la tecnología open source ha avanzado. El extensivo uso que hoy día hacemos de las redes sociales no es el mismo que había hace 10 años y la globalización en el mundo tecnológico ha permitido que se comparta más, llegando a mucha más gente. Soluciones que antes quedaban aparcadas en la mente de personas innovadoras, ahora se pueden permitir ver la luz gracias a proyectos de micromecenazgo.

A la par, la gran empresa ha visto el beneficio de no depender de soluciones cerradas a las que tener que adaptar sus sistemas y sus demandas, y comprobar que se puede tener un sistema que pueden cubrir sin acotarse a una solución cerrada. Esto nos lleva al error famoso de software libre igual a software gratuito. Pero todos los desarrollos que permiten cubrir las infinitas necesidades de un mercado en continua evolución, son las que permiten afrontar un reto empresarial en el ámbito del software libre.

El comenzar a abordar mi función en OpenSistemas fue del todo ilusionante, en cuanto a que me iba a aportar un conocimiento y una nueva forma de entender el negocio de la tecnología que nunca había afrontado. El día a día me va demostrando cómo la gran empresa entiende la mejora que supone el uso de tecnologías open source. Es raro no encontrar grandes empresas cuyos sistemas no tengan o conozcan Red Hat, o los analistas de datos de bancos, grandes industrias, etc. no hayan sopesado o instalado Pentaho en sus desarrollos.

Algo que me ha sorprendido en este paso han sido las Pymes y emprendedores, quienes generalmente van a remolque de sus presupuestos y de las tendencias que la gran empresa marca. Pero, por contra, muchas de ellas apuestan abiertamente por soluciones open source teniendo las funcionalidades propias de empresas del IBEX que no dejan de salir en los medios. Esto se debe principalmente a una mejora en el coste, en la seguridad de sus datos (al no tener spyware, etc.) y la gran independencia tecnológica que ofrece.

A fin de cuentas, lo primero que he aprendido es que Ubuntu no es un software de Camerún y que funciona de maravilla. Por otro lado, que el software libre ya compite con software de firmas americanas de logotipos ultraconocidos. En Ecuador toda la administración pública trabaja ya con software. En abril de 2008 el presidente Rafael Correa decretó el software libre como política de estado para la administración pública: desde entonces la asamblea constituyente pasó a usar servidores de Joomla (entre otros), los funcionarios usan OpenOffice como paquete ofimático y hasta han desarrollado eCURUL, un programa que permite realizar votaciones electrónicas. Pero no se han quedado en eso, ya que la plataforma de la Subsecretaría de Tecnología de la Información ofrece todo tipo de información y formación para capacitar a los ciudadanos y que los usuarios conozcan el software libre.

Escribiendo esta entrada en el blog, publica hoy ABC (cliente de OpenSistemas) que “El gobierno británico se pasa al código abierto para ahorrar en informática”.

«… El software que usamos en el gobierno todavía lo proporciona un pequeño grupo de grandes compañías, un reducido oligopolio que domina el mercado», ha asegurado Maude. «Quiero que se use un abanico más amplio de software, para que los funcionarios tengan acceso a la información que necesitan y puedan realizar su trabajo sin tener que comprar una marca de software específica», defiende el ministro.

Es un claro ejemplo de cómo entidades que apostaban por soluciones cerradas han descubierto la flexibilidad inherente al uso de tecnología open source, evitando la alta dependencia de sus proveedores.