El valor del capital humano en consultoría tecnológica

Por Javier Sotomayor Aramburu
COO de OpenSistemas

El activo más importante en una empresa de servicios de consultoría tecnológica es claramente el capital humano. En esta industria vendemos cerebros al peso, gente con un alto componente de capacidad analítica y de creatividad, que sepan buscar soluciones de forma proactiva adaptándose a entornos que cambian enormemente de un proyecto a otro. En tecnología tienes que saber adaptarte como un camaleón, y con los años de experiencia vas aprendiendo que aunque cada cliente es un mundo y tiene unas necesidades muy concretas el objetivo siempre es el mismo,  aportar soluciones tecnológicas que apoyen las necesidades del negocio.

Los consultores de tecnología acaban siendo todoterrenos con conocimientos muy variados que son capaces de sacar soluciones de la manga en momentos de estrés en los proyectos en los que participan, pensando siempre en el objetivo de negocio y actuando por tanto como partners en lugar de proveedores. A veces esto implica trabajar a destajo y a deshoras, a veces también en entornos conflictivos – no por las personas, si no por las arquitecturas o procedimientos internos del cliente – que implica contar con la creatividad que mencionaba antes para poder resolver los problemas que puedan surgir.

Y esos cerebros que comentaba hay que alimentarlos. Y alimentarlos bien, porque si no se alimentan languidecen, y entonces entran en una espiral de dejadez y dejan de ser válidos como consultores, convirtiéndose en meros técnicos que aportan poco a la parte de negocio. Hay que mantenerlos siempre en la brecha, siempre activos y preparados para combatir en cualquier frente. Algunas ideas para conseguir esto son las siguientes:

  • Proyectos interesantes: Nada mejor para mantener a un consultor de tecnología en la brecha que hacerle participar en proyectos interesantes. Cada proyecto debe ser un reto para el cerebro, un puzle a resolver. Es cierto que no siempre se puede y todo el mundo pasa por proyectos “marrón”, pero es que es parte del negocio. También es cierto que hay que saber vender el objetivo del proyecto para crear interés en el mismo.
  • Participaciones cortas: Si quieres acabar con la creatividad de un consultor, métele 3 años en un proyecto a hacer siempre lo mismo. Es cierto que cuando un consultor lleva tiempo en un proyecto, es complicado relevarle normalmente porque el conocimiento que tiene hace que sea importante para el cliente, pero en estos casos hay que hacer entender a ese cliente que existen mecanismos para trasmitir el conocimiento y seguir dando el mismo servicio sin “quemar” a la persona que participa en ese proyecto.
  • Tecnologías punteras: ¿Qué mejor para un consultor de tecnología que dotarle de las últimas tecnologías para hacer su trabajo? Nada peor para la creatividad que un portátil que tarda 10 minutos en cargar. ¿O que tal hacerle participar en un proyecto con una tecnología nueva de la que hay poca información y documentación? Ser pionero y abrirse camino a capa y espada alimenta el cerebro con doble ración. Y por eso las consultoras siempre tienen que estar a la última y ayudar a sus clientes a implantar tecnologías punteras que marquen la diferencia.
  • Clima laboral: Los cerebros a los que hacemos mención no son máquinas puramente técnicas y tienen también ese componente personal que ha de alimentarse también para que la maquinaria siga a pleno rendimiento. Eventos de empresa donde estrechar lazos con compañeros, carrera profesional y perspectiva de crecimiento (personalmente creo que este es un punto clave), incentivos y reconocimientos económicos, bienestar en el puesto de trabajo, y en definitiva, tener a la gente contenta, es un punto también muy importante a tener en cuenta.

Todas estas acciones ayudarán a crear un equipo sólido y cohesionado que además esté muy enfocado en tirar del carro y sacar adelante los proyectos sea cual sea el entorno, y que es beneficioso para las tres partes que actúan en él: el cliente, que cuenta con un partner técnico flexible y enfocado a su negocio; la empresa consultora, que consigue recurrencia en cliente con baja rotación del equipo; y el consultor que crece y se consolida como profesional del sector.

Todo un win-win-win.