Nuestro sector no está muerto, sino todo lo contrario

Por Javier Sotomayor Aramburu
COO de OpenSistemas

Compartía en Twitter un compañero hace unas semanas un enlace a un post que trataba sobre el por qué se moría la profesión de informático, sobre todo en el sector servicios. Básicamente comentaba que lo que se vende son “horas/hombre”, que el modelo es colocar a cuanta más gente mejor el mayor tiempo posible, que no se busca el hacer el mejor trabajo ni un buen desarrollo si no simplemente sacar un margen a la gente y que si se quería evolucionar no quedaba otra que hacerse “manager”. Muy de acuerdo con él en muchas cosas, aunque no con el tono negativo de su post. No nos engañemos, es que este sector funciona así.

Yo que he estado años en las trincheras de los programadores, que he vivido situaciones esperpénticas en clientes que obligaban a cumplir un plazo haciendo trabajar al equipo de programadores hasta altas horas de la madrugada sabiendo que el proveedor contratado por otro departamento no tendría su parte y que no se podría hacer el paso a producción, sólo por poder decir “yo he llegado y tu no”, clientes en los que la política pesa más que el trabajo bien hecho y en los que se usa a los proveedores como huestes con las que los directores de turno pueden atacarse mutuamente; yo que he vivido eso entiendo su posición porque la he defendido durante mucho tiempo.

Hasta que claro, he visto las cosas desde más arriba y ahora entiendo cómo funciona el tema. Ojalá un informático que fuese bueno programando, que fuese un crack, que le gustase su trabajo y además lo hiciese muy bien, pudiese trabajar en este sector toda la vida como programador haciendo arte con su código y que además pudiese llegar a tener un sueldo alto. Ojalá. Pero mira, llega el cliente de turno y te dice “Este programador es muy caro, ponme uno más barato que no tengo presupuesto”. Y el siguiente cliente al que le mandas te dice lo mismo, y el siguiente. Y tu programador estrella se va a la oficina sin pasar por la casilla de salida a hacer proyectos internos, de escaso valor añadido para la empresa, porque no lo puedes colocar en ningún proyecto en cliente. Y claro, no son rentables. Porque no nos olvidemos que una empresa es una empresa. Está para que sus socios ganen dinero a la vez que generan empleo, hacen la vida agradable a los trabajadores, y un largo etcétera, pero si no ganan dinero, ni trabajadores, ni empleo ni gaitas…

Primero que entre dinero. Y eso se consigue adaptándote al presupuesto de los clientes, que casi siempre están restringidos por la dirección general de sus empresas (los dueños, vamos) que les dicen “Tienes x para gastarte este año en tecnología”. Y tu cliente, que al fin y al cabo es un empleado, tiene que hacer filigranas y buscar un proveedor que se ajuste al presupuesto. Vamos, lo que hacemos todos en nuestra casa. Que a mi me encantaría tener un cuadro de Dalí en el salón, pero tengo uno de IKEA.

Pero es que no vas a convencer a la cúpula de ninguna empresa que gaste ingentes cantidades de dinero en tecnología cuando ese no es su negocio. Se lo gastan en marketing. Y en producto. Y en tecnología de lo suyo. Si fabrica pastillitas, pues tendrán una fábrica de pastillas con la mejor maquinaria del mercado. Pero el departamento de informática se gastará cuatro duros en un par de proyectos. Porque no les dan más. Y esto lo digo porque lo viví hace unos cuantos años en un cliente. Y por política de empresa, y sobre todo gracias a algunas políticas de sobreprotección laboral, los clientes no quieren contratar programadores. Los subcontratan. Y gracias a las empresas de servicios muchos tienen trabajo, que no se nos olvide.

No nos engañemos, la evolución en las empresas de servicios de un buen informático es hacia el “manager”, pero el bueno, el que entiende las necesidades de negocio del cliente, el que sabe proponer soluciones tecnológicas creativas y ajustadas en presupuesto, el que genera empatía, el que además gestiona los recursos que tiene, tanto humanos como técnicos, para que todo el mundo esté contento: empleados, clientes y socios de la empresa porque generan valor y hacen crecer el negocio y, por qué no decirlo, el bolsillo de los dueños, que para eso montan empresas. Y los que saben hacer eso, señores, son los que ganan dinero en este sector, no el informático crack que quiere ser programador toda la vida. Y es una pena, si, pero es así.

Yo animo de todas maneras a los que opinan que programar es un arte, que deberían hacerse las cosas mejor, pagar justamente a los programadores, a que monten una empresa siguiendo esa máxima, y que intenten vender un proyecto a ver si encaja en algún cliente. O que creen su propio producto a base de contratar programadores estrellas que cobran una pasta. Si lo consiguen me voy con ellos a programar, que aún no estoy tan oxidado.

Si alguno quiere leer el post que comentaba al principio podéis seguir este enlace:

http://saveinformaticos.reeelab.com/2013/04/07/por-que-se-muere-nuestra-profesion/